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Los Diez Mundos del Budismo de Nichiren Daihonin

Una manera en el que el budismo explica la vida es mediante el concepto de los “diez mundos”.
Estos son diez estados o condiciones de vida que experimentamos dentro de nosotros y que después se manifiestan en todos los aspectos de nuestras vidas. Cada uno de nosotros posee el potencial para todos los diez, y fluctuamos de uno a otro en cualquier momento, según nuestra interacción con el entorno. O sea, en cada momento, uno de los diez mundos se manifiesta y los otros nueve permanecen latentes. Del inferior al superior, son a continuación:

Infierno: Éste es un estado de sufrimiento y desesperación, en el cual percibimos que no tenemos libertad de acción. Se caracteriza por el impulso de destruirnos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea.

Hambre: El hambre es un estado del ser dominado por el deseo insaciable de dinero, poder, posición social o lo que sea. Mientras los deseos son una parte inherente de cualquiera de los diez mundos, en este estado estamos a merced de nuestras ansias y no podemos controlarlas.

Animalidad: En este estado estamos regidos por los instintos. No desplegamos ni la razón, ni la moral, ni la habilidad de hacer decisiones a largo plazo. En este mundo de animalidad, operamos de esta forma: “el pez grande se come al pez chico”. No vacilamos en aprovecharnos de los más débiles y adular a los que son más fuertes.

Ira: En este próximo estado, emerge una conciencia del yo, pero es un yo egoísta, avaro, desvirtuado, determinado a ganar a los demás a toda costa, y que percibe todo como una amenaza posible a sí mismo. En este estado, solo nos estimamos a nosotros mismos y tendemos a despreciar a otros. Estamos firmemente aferrados a la idea de nuestra propia superioridad y no podemos soportar admitir que alguien nos supere en algo.

Humanidad: (también llamado Tranquilidad) éste es un estado de vida calmado, pasivo, del que podemos cambiar fácilmente hacia los cuatro mundos inferiores. Aunque por lo general nos comportamos de una manera humana, somos muy vulnerables a las potentes influencias externas.

Éxtasis: Éste es un estado de regocijo intenso que se deriva, por ejemplo, de realizar algún deseo, de sentirse bien físicamente o de una satisfacción interna. Aunque sea intensa, la alegría que uno experimenta en este estado es efímera y también vulnerable a influencias externas.

Los seis estados desde Infierno hasta Éxtasis se denominan los Seis Caminos o Seis Mundos inferiores. Lo que tienen en común es el hecho de que su aparición o desaparición se guía por circunstancias externas. Tomemos el ejemplo de un hombre obsesionado por el deseo de encontrar a alguien que lo ame (Hambre). Cuando por fin conoce a aquella persona, se siente feliz y satisfecho (Éxtasis). Con el tiempo, rivales potenciales aparecen en escena y él es presa de los celos (Ira). Eventualmente, su posesividad ahuyenta a su ser querido. Agobiado por la desesperación (Infierno), no siente que valga la pena vivir. De esta manera, muchos de nosotros pasamos la vida yendo de acá para allá, atrapados dentro de los Seis Caminos sin jamás darnos cuenta de que estamos dominados por nuestras reacciones al medio ambiente. Toda felicidad o satisfacción que se obtiene en estos estados depende totalmente de las circunstancias y, por ende, es transitoria y sujeta al cambio. En estos seis mundos inferiores, basamos toda nuestra felicidad, realmente nuestra identidad completa, sobre aspectos exteriores.

Los siguientes estados, Aprendizaje y Comprensión, surgen cuando reconocemos que todo lo experimentado en los seis caminos es impermanente y comenzamos a buscar alguna verdad duradera. Estos dos estados, más los dos siguientes - Bodhisattva y Buda - se conocen en conjunto como los Cuatro Mundos Nobles. A diferencia de los Seis Caminos, que son reacciones pasivas del ambiente, estos cuatro estados superiores se logran por medio de un esfuerzo deliberado y activo.

Aprendizaje: En este estado, buscamos la verdad mediante las enseñanzas o experiencias de otros.

Comprensión: Este estado es parecido al de Aprendizaje, salvo que en este mundo buscamos la verdad no a través de las enseñanzas de otras personas, sino por nuestra propia percepción del mundo.

Aprendizaje y Comprensión, en su conjunto, se denominan los dos Vehículos. Habiendo comprendido la impermanencia de las cosas, las personas, cuando están en estos estados, han ganado cierto grado de independencia y ya no están sujetas a sus propias reacciones, a diferencia de aquellas que se encuentran en los seis estados más bajos. Sin embargo, tienden a mirar con desdén a los que están en los seis caminos, o sea quienes no han alcanzado este nivel de comprensión aún. Además, su búsqueda de la verdad es, en gran parte, una cuestión de interés propio, de manera tal que en estos dos estados hay una gran posibilidad de que exista todavía el egoísmo. Las personas en estos estados tienden a sentirse satisfechas con su progreso, sin llegar a descubrir el potencial supremo de la vida humana: los estados noveno y décimo.

Bodhisattva: Los bodhisattvas son quienes aspiran a lograr la iluminación y a la vez están comprometidos a que todos los demás seres humanos la alcancen también. Teniendo conciencia de los lazos que nos unen a todos los demás, en este estado comprendemos que toda felicidad que gozamos únicamente nosotros es parcial, y por eso nos dedicamos a aliviar el sufrimiento de otros. Los que están en este estado encuentran que su mayor satisfacción proviene del comportamiento altruista.
Los estados desde Infierno hasta Bodhisattva se denominan, en su conjunto, los Nueve Mundos. Esta expresión se utiliza a menudo para indicar el contraste con el Décimo Mundo, el estado iluminado de la Budeidad.

Buda: La Budeidad es un estado dinámico que es difícil de describir. En parte, podemos describirlo como un estado de libertad perfecta en el cual despertamos a la verdad fundamental de la vida. Se caracteriza por la misericordia infinita y la sabiduría ilimitada. En este estado, de manera armoniosa, podemos resolver lo que desde el punto de vista de los Nueve Mundos parecen ser contradicciones insolubles. Un sutra budista describe los atributos de la vida del Buda como un yo verdadero, libertad perfecta de los lazos kármicos por toda la eternidad, una vida depurada de esperanzas vanas, y la felicidad absoluta. También el estado de Budeidad se expresa físicamente como la manera de ser del Bodhisattva o como las acciones de un Bodishattva.

Graciela Meghinasso
Yogaterapeuta
 




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