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Astrología Kabbalistica

Y dijo Jehová D'os: He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; ahora pues, no sea que extienda la mano y tome también del Árbol de la Vida, y coma y viva para siempre. por tanto, le echó Jehová D'os del jardín de Edén, para que labrase la Tierra de donde fue tomado.

Génesis 3:22 y 23

Antes del pecado cometido por Adam, el mundo entero existía en el nivel de la Rúaj, libre de las cadenas del tiempo y del espacio sin la sombra de la entropía y de la muerte. Cuando Adam descendió, cayó literalmente de ese bendito estado de conciencia a Néfesh, descendió al mundo de lo dual de la manifestación total.
Nosotros sus descendientes hemos estado luchando en este mundo desde entonces, para volver a ganar el Edén. Según nos enseña la Kabalá, venimos a este mundo las veces que sea necesario para aprender y desarrollar nuestra conciencia. Hemos fracasado en este cometido retornando una y otra vez, porque no hemos comprendido que formamos parte del universo y todo lo que hagamos tiene repercusiones en el Cosmos, pues siempre obramos desde el poseer y no desde el compartir.
Venimos a este mundo una y otra vez, para lograr trascender del Guílgul, para superar el Karma de la tradición Hindú. Para esto antes de nacer elegimos a nuestros padres por sus características, la época en la cual vamos a vivir y en general todas las condiciones para lograr nuestro desarrollo en este mundo de la Acción. Pero luego del nacimiento no siempre lo logramos, nos desconectamos de nuestra alma, no recordamos y no entendemos para que venimos a este mundo. Lo peor de todo es que una gran cantidad de almas pasan por éste mundo sin siquiera plantearse las preguntas: ¿Qué hago en este mundo? ¿Por qué estoy aquí? Viviendo dormidos, transitando simplemente, sin cuestionarse nada absolutamente obviamente desde el punto de vista espiritual.
Nuestra alma nos esta dando mensajes continuamente, y nosotros no atendemos, unas veces por desidia y otras deliberadamente, mas siempre es por ignorancia. Pero la voluntad divina nos envía a éste mundo a aprender, a desarrollar nuestra conciencia. Como no queremos aprender a las buenas, debemos hacerlo a las malas, por medio de crisis en nuestras vidas. Nos surgen así infinidad de enfermedades, acontecimientos a nuestro alrededor sumamente dolorosos. Lo primero que hacemos es preguntarnos: “¿Por qué me pasa esto a mí?, ¿Que hice para merecer esto?, ¿Por que D'os me manda estas calamidades?”
Nos llenamos de excusas, nos regodeamos en nuestro sufrimiento, culpamos de todo a los demás e incluso a D'os. No entendemos nuevamente, que son todas señales para que miremos en nuestro interior, que todo lo que ocurre a nuestro alrededor es para nuestro bien (Gam Zu Le Tova). Todo nos dice algo para ayudarnos en nuestro desarrollo, para que veamos que no estamos fluyendo con el universo y la voluntad divina, para que nos pongamos a favor de la corriente y de la voluntad divina. Son faros puestos en nuestro andar, que nos guían por el camino trazado para nosotros hacia nuestra meta final: Debekút. La única forma de trascender los innumerables niveles que conforman el universo metafísico es lograr Debekút, la unión con D'os.

Myriam Delfini 




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